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Los Ashuar, Pluspetrol y la Democracia PDF Imprimir E-Mail
escrito por Elohim Monard Rivas   
jueves, 11 de enero de 2007
Indice de Artículos
Los Ashuar, Pluspetrol y la Democracia
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Este ejercicio busca describir el conflicto entre la comunidad Ashuar y la empresa Pluspetrol en la selva amazónica de Perú, para hallar en él situaciones o condiciones que permitan hacer un análisis de la democracia en el Perú a partir de dos componentes de la democracia: el pluralismo y el constitucionalismo. Utilizaré un enfoque sustantivo de la democracia, es decir ni procesal ni deliberativo, por lo que tomaré en cuenta diversas instituciones públicas y su interacción con la ciudadanía.

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Foto Internet
El 13 de septiembre de 2006, la agencia británica BBC Mundo publica en su portal web la noticia “Tribus amazónicas contra la polución”, que narra cómo dos representantes de la Federación de Comunidades Nativas del Río Corrientes (FECONACO)[1] de Perú, acompañados por dos ONGs, viajaron desde la selva peruana hasta Lima, casi desde la frontera con Colombia por el río Putumayo hasta la costa central junto al mar, para sentarse en una mesa a negociar, en su idioma natal, con tres funcionarios de Petroperú, la empresa estatal que otorga las licencias a las compañías petroleras extranjeras.

La razón: durante 35 años la extracción de petróleo en su hábitat estaba ocasionando graves perjuicios en su salud. Según BBC, con datos del Ministerio de Salud, el 98.65% de los Ashuar revisados por la entidad estatal excedía los limites normales de cadmio y “el 66.22% de los niños tenía más del nivel permitido de plomo en su sangre”.[2] Durante las más de tres décadas que ha durado esta situación, la extracción petrolera al margen del río Corrientes, principal afluente de agua para los Ashuar, ha pasado primero a manos de PetroPerú, posteriormente a Occidental Petrolium Company (OXY) y finalmente a la argentina Pluspetrol. La causa de los problemas de salud en estas personas es que “por cada barril de petróleo que se produce, se generan otros nueve barriles de agua contaminada” y esos residuos se arrojan al río sin ser tratados. Esta situación puede provocar cáncer, problemas físicos y psíquicos y hasta deformidades genéticas. Hasta ese momento, Plupetrol se había comprometido a reinyectar el agua, es decir, tratarla antes de arrojarla al río, en un 20% para el 2009, dejando el 80% restante para un futuro incierto. Durante la reunión con los Ashuar en Lima, el viceministro de Energía y Minas peruano dijo que estaba presionando para que sea el 100%, pero agregó que no podía ordenarle a la empresa que detenga su producción porque eso afectaría la economía del país.   

 

La noticia, publicada desde Inglaterra, no había sido cubierta hasta el momento -ni lo fue hasta un mes después- por lo medios de comunicación peruanos, más que con breves notas muy superficiales. Algunos diarios argentinos advirtieron antes la situación.  

 

Me detengo un momento en esta parte de la historia para hacer una revisión en el marco de la Democracia, porque hay ya varios aspectos tanto negativos como positivos que se van entremezclando. Al momento de darse la reunión entre el Estado y la comunidad Ashuar, ciertas características muy elementales del pluralismo cultural se iban desarrollando, algunas que ahora aparentan ser de sentido común, pero hasta hace unos años no eran tan obvias. En la mesa de diálogo, los Ashuar hablaban en su idioma, vestidos con ropa casual pero gorras tradicionales propias de su tradición. Los “apus”, líderes de la comunidad, argumentaban. Formaron una asociación, FECONACO, que en alguna medida cumplía con una función representativa, y se apoyaban con otras ONGs para recibir asesoría técnica y legal. Sus intereses políticos eran contundentes y los expresaron en asociación, basándose en lo que ellos entienden como su virtud, su bien su mejor: que la empresa deje de contaminar para que su salud y la vida de sus habitantes esté asegurada. A esta forma aparentemente lúcida y vital de entender la situación se oponían, sin embargo, intereses económicos del Estado, que entienden el corte de la extracción petrolera como un problema para el abastecimiento y la recaudación nacional. Sumémosle a este contexto la libertad que tiene la empresa, Pluspetrol, para cumplir con sus funciones corporativas. Entonces varios intereses políticos sobre la mesa expresan una actitud democrática. Hasta este momento, el problema se había discutido, aunque sin mucha repercusión pública. Pero todo lo descrito anteriormente no significó ninguna solución en beneficio de los Ashuar.



 
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